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DOMINGO 1 DE DICIEMBRE DEL 2002 / EDICION No. 22929 / ACTUALIZADA 02:30 am
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El Sida en Malawi y Nicaragua

Allan J. Hruska
ahruska@nicasalud.org.ni

Hace poco tuve la oportunidad de viajar a Malawi, en África, para intercambiar experiencias con Umoyo, una red de once ONG de Malawi que trabaja para la prevención del VIH-Sida y la atención de gente que vive con este virus devastador.

Malawi es el duodécimo país más pobre del mundo, donde el 86 por ciento de su población son campesinos de subsistencia. Sólo el 4 por ciento de la población tiene acceso a electricidad y sólo el 11 por ciento de las mujeres y 20 por ciento de los hombres han estudiado a nivel secundario. El 29 por ciento de la población está clasificada como “ultra-pobre” por las Naciones Unidas. Comparado con Malawi, Nicaragua es un país rico.

Los últimos años han sido desastrosos para Malawi. Una sequía durante los últimos dos años ha dejado a mucha gente sin alimentos. El Programa Mundial de Alimentos estima que 3.2 millones de personas, la tercera parte de la población, requiere asistencia directa de alimentos.

Pero esta profunda crisis alimentaria no es lo peor de Malawi. Lo más doloroso es el impacto que el VIH-Sida está causando a sus pobladores.

Malawi es uno de los diez países más afectados por el VIH-Sida en el mundo. Hoy en día, el 26 por ciento de la población urbana de entre 15 y 49 años está infectada con el virus. La expectativa de vida al nacer en Malawi en 1980 era 54 años. En 1999 era 40 años, y sigue bajando. En Lilongwe, la capital de Malawi, cerca del mercado, pasé en una cuadra por cinco talleres de ataúdes. Hay más de 500,000 niños menores de 15 años que han perdido a sus madres, y el número de huérfanos es enorme. Vi a una familia que había abierto la puerta de su casa a 13 niños parientes, huérfanos porque sus padres murieron de Sida.

La crisis de VIH-Sida está devastando casi todos los países del sur y este de África. La explosión del VIH-Sida ahí tiene varias raíces: el comportamiento de los hombres que viajan de todo Sudáfrica para trabajar en las minas y regresan a sus hogares, las prácticas culturales, y el hecho de que por años los gobiernos y segmentos de las sociedades negaron la existencia de la epidemia, su causa, o la utilidad del uso de condones y fármacos para reducir su transmisión. En Sudáfrica, a pesar de toda la evidencia científica que demostró la efectividad de un fármaco en casi eliminar la transmisión madre-niño de VIH-Sida, el gobierno de este país tardó años en autorizar su uso.

Por lo menos ahora el gobierno de Malawi está tomando en serio la crisis de su país. A la entrada de la capital está un rótulo gigantesco con una foto del presidente de Malawi con su mensaje: “El Sida está matando África. Cambie su comportamiento antes que destruya nuestro país”. También se están tomando acciones concretas. Visité una clínica donde había más de cien jóvenes esperando hacerse la prueba de VIH-Sida y recibir una sesión de consejería.

La prevalencia de VIH-SIDA en Nicaragua está en los niveles que Malawi probablemente tuvo hace 15 años. Todavía Nicaragua tiene la oportunidad de evitar el desastre que se está sufriendo en África. Pero toda la sociedad tiene que participar tomando acciones positivas. El Ministerio de Salud está tomando liderazgo a través del programa del VIH-Sida. La Comisión Nacional contra el Sida ha sometido una propuesta al Fondo Global para financiamiento. Varias ONG están trabajando en proyectos de prevención del VIH-Sida, incluyendo tres financiados por NicaSalud con fondos de la USAID.

Pero también existen trabas en la lucha contra el VIH-Sida en Nicaragua. Una herramienta esencial en la lucha contra el VIH-Sida es el condón. Lamentablemente en Nicaragua existe mucha desinformación que trata de poner en duda la efectividad de esta herramienta que, de manera literal, puede salvar vidas. Toda la evidencia científica demuestra que el uso correcto y consistente del condón moderno en relaciones sexuales es altamente efectivo en reducir la transmisión del VIH-Sida. Una campaña de desinformación contraria es sin fundamento, sin ética, causa confusión entre una población susceptible a manipulación y puede despreciar la oportunidad que Nicaragua tiene en detener la marcha del VIH-Sida.

Todos en Nicaragua deberíamos jugar un papel positivo para evitar que tengamos una crisis de magnitudes similares a las de Malawi. No hay tiempo para distracciones ni argumentos sin bases científicas. Es el momento de unirnos todos en una campaña decidida y firme en contra del VIH-Sida para proteger el futuro de nuestras niñas y niños. Si no, en 15 años podríamos estar en la misma situación que Malawi.

El autor es el Director Ejecutivo de NicaSalud, una federación de quince ONG que trabaja en conjunto con el Minsa en proyectos de salud primaria-comunitaria.  
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