El Sida en Malawi y Nicaragua
Allan J. Hruska ahruska@nicasalud.org.ni
Hace poco tuve la oportunidad de viajar a Malawi,
en África, para intercambiar experiencias con Umoyo, una red de once
ONG de Malawi que trabaja para la prevención del VIH-Sida y la
atención de gente que vive con este virus devastador.
Malawi
es el duodécimo país más pobre del mundo, donde el 86 por ciento de
su población son campesinos de subsistencia. Sólo el 4 por ciento de
la población tiene acceso a electricidad y sólo el 11 por ciento de
las mujeres y 20 por ciento de los hombres han estudiado a nivel
secundario. El 29 por ciento de la población está clasificada como
“ultra-pobre” por las Naciones Unidas. Comparado con Malawi,
Nicaragua es un país rico.
Los últimos años han sido
desastrosos para Malawi. Una sequía durante los últimos dos años ha
dejado a mucha gente sin alimentos. El Programa Mundial de Alimentos
estima que 3.2 millones de personas, la tercera parte de la
población, requiere asistencia directa de alimentos.
Pero
esta profunda crisis alimentaria no es lo peor de Malawi. Lo más
doloroso es el impacto que el VIH-Sida está causando a sus
pobladores.
Malawi es uno de los diez países más afectados
por el VIH-Sida en el mundo. Hoy en día, el 26 por ciento de la
población urbana de entre 15 y 49 años está infectada con el virus.
La expectativa de vida al nacer en Malawi en 1980 era 54 años. En
1999 era 40 años, y sigue bajando. En Lilongwe, la capital de
Malawi, cerca del mercado, pasé en una cuadra por cinco talleres de
ataúdes. Hay más de 500,000 niños menores de 15 años que han perdido
a sus madres, y el número de huérfanos es enorme. Vi a una familia
que había abierto la puerta de su casa a 13 niños parientes,
huérfanos porque sus padres murieron de Sida.
La crisis de
VIH-Sida está devastando casi todos los países del sur y este de
África. La explosión del VIH-Sida ahí tiene varias raíces: el
comportamiento de los hombres que viajan de todo Sudáfrica para
trabajar en las minas y regresan a sus hogares, las prácticas
culturales, y el hecho de que por años los gobiernos y segmentos de
las sociedades negaron la existencia de la epidemia, su causa, o la
utilidad del uso de condones y fármacos para reducir su transmisión.
En Sudáfrica, a pesar de toda la evidencia científica que demostró
la efectividad de un fármaco en casi eliminar la transmisión
madre-niño de VIH-Sida, el gobierno de este país tardó años en
autorizar su uso.
Por lo menos ahora el gobierno de Malawi
está tomando en serio la crisis de su país. A la entrada de la
capital está un rótulo gigantesco con una foto del presidente de
Malawi con su mensaje: “El Sida está matando África. Cambie su
comportamiento antes que destruya nuestro país”. También se están
tomando acciones concretas. Visité una clínica donde había más de
cien jóvenes esperando hacerse la prueba de VIH-Sida y recibir una
sesión de consejería.
La prevalencia de VIH-SIDA en
Nicaragua está en los niveles que Malawi probablemente tuvo hace 15
años. Todavía Nicaragua tiene la oportunidad de evitar el desastre
que se está sufriendo en África. Pero toda la sociedad tiene que
participar tomando acciones positivas. El Ministerio de Salud está
tomando liderazgo a través del programa del VIH-Sida. La Comisión
Nacional contra el Sida ha sometido una propuesta al Fondo Global
para financiamiento. Varias ONG están trabajando en proyectos de
prevención del VIH-Sida, incluyendo tres financiados por NicaSalud
con fondos de la USAID.
Pero también existen trabas en la
lucha contra el VIH-Sida en Nicaragua. Una herramienta esencial en
la lucha contra el VIH-Sida es el condón. Lamentablemente en
Nicaragua existe mucha desinformación que trata de poner en duda la
efectividad de esta herramienta que, de manera literal, puede salvar
vidas. Toda la evidencia científica demuestra que el uso correcto y
consistente del condón moderno en relaciones sexuales es altamente
efectivo en reducir la transmisión del VIH-Sida. Una campaña de
desinformación contraria es sin fundamento, sin ética, causa
confusión entre una población susceptible a manipulación y puede
despreciar la oportunidad que Nicaragua tiene en detener la marcha
del VIH-Sida.
Todos en Nicaragua deberíamos jugar un papel
positivo para evitar que tengamos una crisis de magnitudes similares
a las de Malawi. No hay tiempo para distracciones ni argumentos sin
bases científicas. Es el momento de unirnos todos en una campaña
decidida y firme en contra del VIH-Sida para proteger el futuro de
nuestras niñas y niños. Si no, en 15 años podríamos estar en la
misma situación que Malawi.
El autor es el Director
Ejecutivo de NicaSalud, una federación de quince ONG que trabaja en
conjunto con el Minsa en proyectos de salud
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